La Academia Nacional de Bellas Artes fue fundada el 1° de julio de 1936 por decreto presidencial como resultado de la iniciativa de artistas, arquitectos y representantes del ámbito de la cultura. El primer cuerpo de Académicos estuvo constituido por Pio Collivadino, Carlos Ripamonte, Fray Guillermo Butler, Rogelio Yrurtia, Pedro Zonza Briano, José Fioravanti, Alejandro Bustillo, Arturo Prins, Carlos Lopez Buchardo, José María Castro, Joaquín de Vedia, Francisco Llobet, Antonio Santamarina, Rafael Girondo y Alejo González Garaño, José León Pagano, Ricardo Gutierrez, Germán Felix de Amador, Eduardo J. Bullrich y Teodoro Becú. El decreto establecía que Nicolás Besio Moreno, entonces Director Nacional de Bellas Artes, presidiera la institución, por lo que en ese mismo año se lo nombra Académico de Número y se incorpora, también, a Cupertino del Campo, Alberto Williams, Enrique Prins, Cesáreo Bernaldo de Quirós, Alfredo González Garaño, Martín Noel, Jorge Soto Acebal y Emilio Centurión.
Desde entonces, la Academia impulsa proyectos de ley, asesora a diferentes organismos gubernamentales en cuestiones de cultura, educación, arquitectura y urbanismo, e integra el Comité de Lucha contra el Tráfico Ilícito de Bienes Culturales y el Consejo Consultivo Honorario de Circulación Internacional de Bienes Culturales. Así mismo, lleva adelante una intensa acción cultural orientada a la promoción de la producción artística organizando premios y becas dirigidos a las artes visuales, la música, la arquitectura y el diseño. Tal es el caso del Premio Adquisición Alberto J. Trabucco que tiene, además, la finalidad de contribuir al acrecentamiento del patrimonio nacional a través de la donación de las obras premiadas a museos de todo el país.
La Academia realiza anualmente conferencias, mesas redondas y seminarios, y lleva editadas más de 130 publicaciones entre las que se encuentran los 13 tomos de la colección Historia General del Arte en la Argentina, y la Revista Temas, que anualmente convoca a especialistas de distintas áreas en torno a temáticas de actualidad.
Su misión como custodia abarca obras y objetos artísticos, y un importante acervo documental constituído por fondos y colecciones donados por sus miembros y otras personalidades destacadas del ámbito de la cultura. En muchos casos, estos archivos fueron entregados a la institución por sus productores o sus herederos, y forman parte de la donación de amplios legados que también incluyen obras de arte y parte o la totalidad de sus bibliotecas personales. De este modo, los fondos documentales están estrechamente ligados al acervo artístico de la ANBA, así como a su acervo bibliográfico.
Entre 2024 y 2026, en el marco de la ejecución del proyecto “Puesta en valor del patrimonio documental y artístico de la Academia Nacional de Bellas Artes. Plan integral de preservación y puesta en acceso” se llevó a cabo el procesamiento técnico archivístico del fondo de la Academia Nacional de Bellas Artes. Se realizó un relevamiento de estado de conservación general a nivel de unidad de conservación donde además se procedió a identificar contenido y relevar existencia de series vinculadas con las actividades conocidas de la institución.
A partir de este primer relevamiento se logró realizar el cálculo estimativo de volumen del corpus documental y a asentar la información relevada en la descripción normalizada a nivel de fondo además de verificar ubicaciones topográficas de los documentos.
Entre 2024 y 2026, en el marco de la ejecución del proyecto “Puesta en valor del patrimonio documental y artístico de la Academia Nacional de Bellas Artes. Plan integral de preservación y puesta en acceso” se llevó a cabo el procesamiento técnico archivístico del fondo de la Academia Nacional de Bellas Artes. Se realizó un relevamiento de estado de conservación general a nivel de unidad de conservación donde además se procedió a identificar contenido y relevar existencia de series vinculadas con las actividades conocidas de la institución.
A partir de este primer relevamiento se logró realizar el cálculo estimativo de volumen del corpus documental y a asentar la información relevada en la descripción normalizada a nivel de fondo además de verificar ubicaciones topográficas de los documentos.